domingo, octubre 04, 2009

El fin de una etapa

Hay noches en las que toca llorar al caer en la cuenta de todo lo que tu trabajo ha echado a perder. Sin embargo, también hay mañanas en las que ese mismo trabajo te saca de tu oscuro agujero.

La frase anterior está sacada del tomo 3 de Tokio Style y me viene genial para contar esto.

Hace unas semanas bromeaba yo con los del cine que podían cerrar para cobrar yo la indemnización. Pues a mediados de septiembre se hizo realidad: los dueños del cine decidieron cerrar por la bajada de espectadores y por la nueva competencia que se les cernía. De rebote cerraba el bar donde trabajaba. Último día: treinta de septiembre.

Los días siguientes fueron muy duros por la incertidumbre generada. No sabía que iba a pasar el día uno, si me mandarían a otro bar, si me despedirían con lo puesto o si me darían mucha pasta. Encima, ser San Mateo no ayudaba.

Finalmente el día treinta llegó la respuesta: un ERE. Ahora hay que negociar las condiciones y esperar. Y menuda suerte la mía ser el delegado sindical, que me tengo que comer todo el rollo. Yo que me hice delegado para que me regalasen el carné de conducir, y de carné nada, y encima esto.

En fin, así que ahora en el paro (aunque aún no esté en el paro propiamente dicho).
Parece mentira, pero este trabajo para una temporada ha durado cinco años. Ha habido sus momentos buenos, sus momentos malos, he crecido mucho como persona y aprendido muchas cosas. He conocido gente buena y gente mala y al final, lo único que me queda aparte del dinero que reciba, es una sensación de vacío muy grande. Todo lo que perdí por trabajar no lo encuentro y ahora también he perdido mi trabajo. Sólo quedan euros.